Hoy escribe… Aly Valderrama Villarroel: «La violencia contra las mujeres pan de cada día»

0

Mi vida ha estado determinada por muchas decisiones, todas ellas muy significativas, pero no todas tan reflexionadas. Les cuento algo personal, no soy mamá (me encantaría serlo), pero sí soy madrina, tía, sobrina, hija, nieta, amiga y esposa… entre otras relaciones que incluyen colega, vecina, etc. Sin embargo, siempre reflexionó que desde nuestras realidades que son todas particulares y únicas, podemos cambiar nuestra sociedad.

En nuestro país tenemos muchas inequidades, pero una de las que más me preocupan y ocupan mi tiempo y mi mente, son las distintas expresiones de violencia. Me produce un rechazo inmediato, ya que son acciones muy variadas y en general, tienen un patrón asociado definido porque existe una persona que se encuentra o creemos que es vulnerable.

Esta violencia la podemos ver cuando hacemos un trámite en una oficina pública y habemos muchas personas esperando a ser atendidas y después de horas de estar de pie, sentir hambre, frío o calor; él o la servidora pública nos dice que nos faltó un papel o una firma o la fotocopia de un documento que no tenemos en ese momento. Después pasan los días y obedientemente conseguimos ese minúsculo requisito que nos faltó y volvemos a esa oficina, sacamos un número de atención y esperamos pacientemente a que salga llamado nuestro dígito en la pantalla luminosa, con la suerte que nos toca otra persona quien revisa todos los documentos que portamos y nos dice con mucha sorpresa que no necesitábamos muchos de los requisitos que llevábamos en nuestra carpeta.

Esto que les relato, es casi habitual, ocurre tan frecuentemente que nos acostumbramos a que ocurra, e incluso hacemos hasta un inventario de los rostros de quienes nos atienden y nos dateamos con algún conocido o conocida que tendrá que ir a un servicio recomendando que ojalá les toque con quien es “buena onda”.

Esto también ocurre cuando una persona es violentada en forma física, en el ámbito laboral o a quienes son víctimas de abuso. Siendo clave para nosotras como sociedad identificar cuando estas lamentables circunstancias ocurren a nuestro alrededor. Lamentablemente, cada día hago más propia “Si tocan a una, ¿nos tocan a todas…” … es evidente no? Como nos va a parecer normal que una mujer o niña sea golpeada, de qué forma continuamos un día cuando sabemos de alguna mujer o niña que es obligada a continuar con un embarazo no deseado, o cuando nos enteramos que al momento de parir a esa mujer o niña se le obliga a parir con dolor porque es pobre o «para que aprenda»…

Tenemos claro que los cambios en la sociedad toman tiempo, ya que hace no muchos años las mujeres no podíamos votar y cuando lo pudimos hacer no era en igualdad con los hombres, los votos de las mujeres valían menos e incluso, se nos permitió votar por cargos de menor relevancia política hasta que llegamos a los derechos actuales de votar en las elecciones para presidente o presidenta. Ni hablar de los derechos negados en la educación, cuando decidían que no era necesario que estudiaran mucho las niñas porque se iban a dedicar a criar y llevar la casa solamente.

Nuestra educación en todos los niveles está llena de estereotipos, no lo digo yo sino varios estudios relacionados al respecto. No es al azar que exista una mayor fuerza laboral de mujeres relacionadas con labores de cuidado que en labores relacionadas con las matemáticas o la ingeniería. Les pido que hagan memoria acerca de los regalos que recibíamos para el cumpleaños, navidad o la visita de los padrinos, ¿cuántas no recibimos una guagua (muy real, por cierto) o un peluche para cuidar?, ¿un juego de tacitas?, o ¿una plancha?… Desde nuestro nacimiento nos condicionan a ciertas labores o acciones que nadie nos preguntó si es que nos interesaban, ni tampoco nos dieron alternativa de conocer algo diferente. Ni hablar si éramos buenas para el fútbol, yo fui marimacha; gracias a mí jugaban mis hermanos en las pichangas; soy una mujer que tuvo alternativas y pudo conocer otras opciones de juego.

Otra condición que se nos impone es que debemos arreglarnos, estar bonitas, maquilladas, deseables para los hombres. No podemos “dejarnos estar” porque así no nos gorrean. Sin embargo, cuando una es bien plantada con sus ideas es mirada feo por alegadora, somos complicadas cuando decimos lo que pensamos y obviamente, tildadas de comunistas. Pero, ¿qué pasa con aquella joven o mujer que se empeña con cumplir el canon de belleza?, quienes utilizan tiempo en cuidar su aspecto físico, en lograr un estándar de belleza (Kim Kardashian, por ejemplo) que cambia con el tiempo y sexualiza a nuestras niñas. En ese momento, afloran los seres más repugnantes de nuestra sociedad, los depredadores. Estas figuras son hombres mayores que buscan a sus presas para cumplir sus deseos personales, en desmedro del bienestar de las jóvenes o mujeres.

Así es como llegamos a Martin Prádenas, imputado por 4 violaciones de las cuáles el tribunal de la Araucanía sólo reconoció una, la violación contra Antonia Barra.  Este deneslable ser viviente, fue beneficiado por una visión completamente velada de un juez con un Poder Judicial cómplice, quien resolvió decretar arresto domiciliario mientras dure la investigación. Aquí hacemos patentes varias figuras de violencia, por un lado, tenemos un Poder Judicial machista y retrógrado encabezado por más hombres que mujeres y por jueces de edad avanzada que aplican las leyes bajo su concepción del mundo y no el de la realidad. Se lleva a cabo un juicio en que el imputado tienen un evidente mayor poder adquisitivo que sus víctimas, lo que en el viciado sistema judicial le permite pagar a abogados o bufete de abogados especialistas en liberar a violadores o deudores de pensiones alimenticias, por tanto, el juicio del juez se ve influenciado por el poder adquisitivo del imputado. Cabe destacar, que el abogado del imputado falto a la norma de protección de las víctimas ya que, reveló el nombre completo de una menor de edad y espero, que exista alguna acción judicial o sanción en contra de este “profesional de las leyes”. Y por último, tenemos una defensoría pública que necesita ser profesionalizada aún más, las víctimas (todas las niñas y mujeres de Chile somos potenciales víctimas) estamos en desventaja y resulta urgente contar con fiscales especialistas en la temática de equidad de género y que nos puedan defender cuando nuestros derechos son vulnerados.

Por último, puedo decirles que estas «ideas modernas del feminismo» no son nuevas en nuestro país. La primera mujer que se graduó como médica en Latinoamérica (en 1886) fue la chilena Eloísa Díaz, que se disfrazaba de hombre para ir a clases en la Universidad de Chile. La primera abogada latinoamericana también fue chilena, Matilde Throup en 1892. Otra destacada, fue Matilde Duarte, primera mujer piloto que participó en la Fuerza Aérea Británica en la Segunda Guerra Mundial. El listado es largo y si le asombra, utilice unos minutos de su día para saber más de nuestras compatriotas.

Quiero terminar mi reflexión citando a Gladys Marín Millie, la Gladys de Chile que ha relucido en cada marcha desde el 18 de octubre hasta ahora he incluyo, su segundo apellido, Millie, el apellido de su madre que en nuestra machista sociedad obviamos e invisibilizamos como si sólo fuésemos reflejo de nuestro padre. Esta cita no es antojadiza ni tampoco guiada por el azar de una búsqueda en internet, Mi Gladys como le dijera Pedro Lemebel, oriunda de Curepto y orgullosa maulina nos regaló esta hermosa reflexión que traigo a colación para que no olvidemos nuestra tarea que como ciudadanía tenemos al ser forjadoras y forjadores de una nueva realidad para nuestro país.

“Seamos mujeres plenas, suframos por el dolor ajeno, seamos solidarias y sensibles, enamorémonos todos los días, seamos ágiles, livianas como las mariposas y fieras ante la injusticia. Seamos firmes, sencillas, incansables, valerosas. Seamos la fuerza, la lluvia necesaria que haga realidad Otro Chile es Posible y Necesario.”

 

De la autora: 

Aly Valderrama Villarroel, Ingeniera Agrónoma y Doctora en Ciencias, integrante del Centro Cultural Víctor Jara de Linares,.

Oriunda de Santiago llegó al Maule el año 2003 a estudiar Agronomía en la Universidad de Talca y después el doctorado. Desde entonces a estado ligada a la investigación y la docencia en educación superior, además de formar parte del Centro Cultural Víctor Jara de Linares. Actualmente es docente en la Universidad Católica del Maule.

 

PD: Las expresiones contenidas en este comentario no representan necesariamente el pensamiento de Hora7.cl; y son de exclusiva responsabilidad de quien las formula.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *